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2 de abril de 2010

Redes Sociales: ¿identidad personal vs. identidad profesional?

Ya hablamos hace un tiempo de este dilema en los post ¿Qué será de las marcas cuando hayamos muerto? I y en su versión II... pero es una pregunta que se hace cada día más vigente.

Cada día la importancia de las personas dentro de las empresas y marcas tiene un mayor auge gracias a la web social: redes sociales, comentarios en blogs, recomendaciones, ideas... todas ellas realizadas por profesionales que se identifican con su nombre, pero también con el nombre de la empresa en la que trabajan.

Quizá me he hecho más consciente de la importancia de las empresas en gestionar todo este conocimiento debido a mi reciente cambio laboral (no por mi importancia, nada más lejos de la realidad, sino porque hay personas que me contactan gracias a mi antiguo trabajo), pero desde luego es uno de los grandes valores que han de cuidar las marcas. Aprovechar el conocimiento de sus empleados para realizar comunicación interna: promoción laboral, ideas de producción, escucha activa ante sugerencias de mejora, crecimiento profesional, formación... y por supuesto para la comunicación externa ya que poseer buenos profesionales, comunicativos y bien posicionados es uno de los mayores activos que tiene una empresa. Me atrevería a decir que incluso más importante que el propio producto, al que le presupongo la excelencia a la que toda empresa aspira o debería aspirar.

Siempre se ha dicho que el mejor prescriptor es el empleado. Entonces ¿por qué no poner el foco en las personas? Si entendemos al empleado, podremos dar un paso de gigante para entender al cliente o potencial cliente. Ha de ser uno de los primeros targets comunicativos hoy más que nunca: son un referente al que preguntar, solicitar ayuda o incluso consejo sobre nuestro producto o servicio. ¿Y por qué hoy más que nunca? Por el poder influenciador de la identidad digital de las personas. La web social es un medio facilitador de comunicación y como tal cada uno de nosotros nos presentamos como nosotros mismos (nombre y apellido) pero también como trabajador, estudiante, emprendedor, ideólogo... de algo. Por un lado, ese algo nos capacita para ser escuchado. Por otro, nuestro nombre y apellido otorga confianza al que nos escucha. Es una realidad bidireccional en la que marca o empresa y persona o empleado se retroalimentan.

De hecho, en el blog de Rosaura Ochoa podemos ver esta infografía que nos muestra el crecimiento de uso de los social media y, lo más destacable, entre los encuestados el uso profesional es muy alto, y en muchos canales es incluso mayor al uso personal.



Sí, está, claro, dependiendo de las propias características de la herramienta analizada el uso difiere, pero ¿no es para tenerlo en cuenta? Y lo que es más importante ¿dónde está el límite entre la identidad personal y la profesional? ¿Realmente la gente que nos lee o sigue diferencia nuestros comentarios según lo decimos como nombre o como empleado de tal o cual empresa? Creo que no, ya que sinceramente, a mi me cuesta hacerlo. Hay personas que sigo como amigos, más allá de su empresa o marca, pero si hicieran un comentario contrapuesto a dicha empresa realmente me sonaría extremadamente raro.

Así, reflexionemos y empecemos a cuidar nuestra marca desde el interior. Esto no implica que sea más importante ahora que hace 10 años, al empleado hay que cuidarlo por encima de todo (es lo que hace crecer a las compañías), sin embargo, ahora es un bien público a la vista de todos.

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