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4 de noviembre de 2011

La educación lo es todo





2002 y 2004. Parece que poco ha cambiado. Unos porque... "como yo no tengo hijos no me interesa la educación", y otros "porque yo lo valgo"... pero ¿dónde queda la ciudadanía?

Ahora que estamos en momento de cambios (y vaya cambios) a todos nos han dado un "meneo"... y seguimos con el mismo argumento. ¿Será que tenemos lo que nos merecemos?

¿Cómo no puede interesarle a alguien la educación? Mire usted, si vamos a lo que a todos (por suerte o por desgracia) nos afecta, sepa que la educación la pagamos todos. Sí, sí, usted también, tenga niños o no alrededor. Sus impuestos, y los míos, pagan el sistema educativo que tenemos. Además... ¿cómo no puede interesarle la educación de sus futuros empleados o incluso de sus próximos jefes? ¿cómo no puede importarle la formación de los ciudadanos que compartirán vecindario con usted? ¿está seguro de que no le es de interés el aprendizaje de aquellos que conducirán por el carril contrario de la carretera por la que usted pasa día sí, día también? ¿tiene claro que le da igual la educación de los futuros responsables políticos que le gobernarán?
Si alguien ha respondido sí a más de ninguna pregunta, por favor, hágaselo mirar.

¿Cómo, a quien sí se le supone ese interés en la educación, no pone empeño en ejecutarlo? Miro perpleja el trabajo de algunos profesionales que no priman los objetivos formativos de su alumnado. Porque... su sueldo, sí, el suyo, también lo pagamos todos, y en este caso, gracias a sus alumnos (y no hablo solo de la educación pública... y ni tan siquiera de la educación obligatoria). Tengo la suerte de tener a mi alrededor grandes profesores, maestros y doctores que me demuestran cada día que otra educación es posible. Su actitud, pasión, esfuerzo, respeto y trabajo es admirable en un espacio donde las instituciones educativas, en ocasiones, parecen mirar hacia otro lado. Somos personas trabajando con personas: los ciudadanos del futuro. No fabricamos expedientes, números o titulados... o al menos no deberíamos.

Somos responsables, cada uno de la ya famosa cifra de 7.000 millones de habitantes del planeta, de la educación de los 7.000 millones de ciudadanos.

La educación lo es todo. La educación es de todos.

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