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21 de febrero de 2014

Snapchat: ¿de la privacidad a la intimidad?

Retomamos un post que teníamos pendiente: Snapchat es una aplicación móvil creada por Evan Spiegel y Robert Murphy, estudiantes de Standford, que permite el intercambio de vídeos y fotos que se autodestruyen en menos de 10 segundos


La compartición de contenido efímero a través del móvil está de moda entre los adolescentes, y los que no lo son tanto, arrasando sobre todo en EE. UU. Tanto es así, que los usuarios de esta app reciben 400 millones de snaps (cada envío de vídeo y foto) al día, según CNET. Sin embargo, conocer el número de usuarios reales es un secreto bien guardado por sus fundadores y las estimaciones de TenchCrunch van desde los 12,8 hasta los 256 millones de usuarios activos al día. Este movimiento ha hecho que grandes como Facebook hayan intentado comprar la compañía por hasta 3.000 millones de dólares, oferta rechazada por la startup según WSJ.

Muchos analistas estudian el por qué del éxito de la aplicación y su modelo de negocio cuyo funcionamiento es simple: creas o subes una foto o vídeo de tu smartphone (sobre los que puedes pintar, dibujar o escribir), seleccionas el tiempo de destrucción del mensaje (entre 1 y 10 segundos), eliges un contacto y pulsas en enviar. El destinatario recibe el snap. Al pulsar sobre el envío verá la foto o vídeo enviado durante los segundos seleccionados por el emisor y, transcurrido ese tiempo, desaparece de su teléfono móvil. Además, si el mensaje o snap no es abierto, se elimina a los 30 días de su envío. Los creadores aseguran que las fotografías y vídeos también son eliminados en ese momento de sus servidores desde los que ofrecen el servicio.

Quizá, parte de la gran acogida por un público adolescente venga precedida por la moda de los selfies elegida, además, palabra del año por Oxford Dictionaries. Selfies son autofotos realizadas posando habitualmente ante un teléfono inteligente para compartir en redes sociales. Twitter e Instagram están llenas de estas fotografías de jóvenes solos, en grupo (usies), en el baño o en el espejo de su armario y, ahora, también en Snapchat. Con todo, no solo es cosa de niños como pudimos comprobar en el memorial de Mandela gracias al selfie de Obama o cada día en los perfiles sociales de los famosos.

La duda que inunda Internet, y la cabeza de muchos padres, es si el contenido de los snaps compartidos van más allá de un selfie para convertirse en sexting, es decir, el envío de contenido erótico o pornográfico. De hecho, la aplicación está clasificada en la App Store para mayores de 12 años por la probabilidad, aunque dicen escasa, dicen ellos, de encontrar contenido de esta índole u otros contenidos ofensivos.

Lo que más preocupa a los conocedores del mundo tecnológico es lo que también se achaca a Whatsapp, recientemente comprada por Facebook, y otras redes de mensajería: la vulnerabilidad del servicio. Snapchat ofrece poca seguridad por los posibles bugs y que el contenido no está cifrado, es decir, con menos protección, como comentan en Genbeta y hemos visto recientemente, hasta con batidos de frutas. Además, el usuario que recibe un snap puede realizar una captura de pantalla, por lo que el contenido sí puede ser guardado en el dispositivo del receptor. Snapchat te avisa cuando el destinatario lo realiza, pero eso no implica ninguna protección, similar a las opciones de “no descargar” cuando compartías fotografías en Tuenti. Otro reto de la app podría ser el spam, pero nada más alejado de otras aplicaciones que utilizamos a diario.

Con todo, Snapchat también posee pros, aunque para ello todavía necesite mejorar en los aspectos de seguridad que comentábamos. La eliminación de las imágenes y vídeos de los servidores y del móvil de destino provee una capa de protección del usuario y, por qué no, de la propiedad intelectual que otros espacios no ofrecen… aunque para ello, es necesario mejorar en el aspecto de las capturas de pantalla y de la encriptación de los mensajes y estudiar las bases legales que aceptas como usuario. Además, conociendo al público adolescente, y ese contenido quizá no tan adecuado que generan en la Red, permite un desarrollo de identidad digital que puede eliminar realmente los posibles errores cometidos, aunque con ello también elimina los aciertos. Relacionado con esto, hay quien ya habla de la Internet efímera como una acción real para conservar el derecho al olvido.

Cabe destacar la tendencia hacia la creación de contenido efímero en Internet. Snapchat no es la única que permite eliminar mensajes ya enviados aunque sí con diferentes variantes. Gmail hace años que en Labs ofrece la posibilidad de disponer de un tiempo para deshacer un envío realizado o la española Woowos que facilita eliminar envíos de mensajería instantánea aunque el receptor lo haya leído. Con un funcionamiento similar, Hash elimina mensajes y fotos en 7 segundos tras abrirlos prometiendo el secretismo de “esta conversación nunca existió”, aunque parece enfocada a un target más adulto; o Poke de Facebook que elimina los mensajes a los 10 segundos de ser leídos. Esta tendencia parece que seguirá expandiéndose como ya relataba el MIT en su artículo “Temporary Social Media” en abril de 2013, aunque limitará o modificará lo que hoy entendemos como opciones de amistad, red social y círculos de confianza. Quizá, hasta Jelly, la red de preguntas y respuestas de los fundadores de Twitter; o Tinder, una de las app de moda para ligar; incluso Marco Polo, relacionada con la compartición de la localización, provengan de esa tendencia hacia lo no permanente.

Así, ante la existencia de más aplicaciones similares y los pros y contras mencionados, parece que el debate de fondo ante el éxito de Snapchat no se trata tanto de debatir sobre si usarla o no incita al sexting (como bien recalcan Jeffrey Rosen and Christian Rosen en el artículo mencionado, 400 millones de snaps no son solo cosa de sexteo); sino de qué comunicación queremos, qué ejemplos buscamos, qué contenido compartimos y qué no. Ni siquiera puede que debamos debatir de si estas aplicaciones temporales respetan la privacidad o no, sino de si nosotros respetamos nuestra propia intimidad, a pesar de los errores que todos ya hemos podido cometer. La mejor configuración de la privacidad somos nosotros mismos, qué decimos y qué no, qué compartimos y qué no… Por lo tanto, el foco con nuestros jóvenes es formarles en el buen uso de los medios sociales o medios conectados en general desde la perspectiva del cuidado y protección de sí mismos. Como el equipo de Snapchat comenta en su blog So… you know… keep that in mind before putting any state secrets in your selfies :)”.  


Recuerda: antes de enviar un snap ¿lo colgarías en la pared de tu oficina, clase o puerta de casa?


¿Puedes aportar una mejora o sugerencia? Comenta en este blog, en @dianagonzalez o en cualquiera de los canales sociales :).

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